LUZ Y ARQUITECTURA

 

La arquitectura es la manifestación formal de nuestra experiencia humana en un determinado tiempo y espacio. Nuestra geografía, historia, cultura, pensamientos y sentimientos son los factores que definen y evidencian nuestro pasar por este mundo. Se produce una simbiosis entre nuestro desarrollado y destinado hábitat con nuestras alegrías, pasos, versos y vivencias, dando origen a un espacio intencionado, a una arquitectura con emociones, a una arquitectura por y para el hombre.

La luz es moldeadora de nuestra percepción del mundo, por lo que me gusta ver el diseño de iluminación arquitectónica como la herramienta moldeadora de la experiencia humana que allí tiene que suceder. Es la encargada de brindarle el factor emocional con el cual se va a vivir ese espacio. Ésta siempre buscará inspirarse en su mayor maestro, la naturaleza, para brindar atmósferas de bienestar, inspiración y armonía a nuestros espacios privados y públicos.

Diseñar luz en la arquitectura, es diseñar calidad de vida y calidad de trabajo. Actualmente existe un diseñar más consciente, donde el ser humano se ha dado cuenta de cuanto necesita la luz natural para el día, así como también la oscuridad en la noche. Estas son las grandes directrices de un diseñar más sustentable, aplicando la luz artificial solo cuando y donde se necesita, proyectando espacios más eficientes de día, y mágicos de noche.

Diseñar luz es también diseñar oscuridad. Ambas deben coexistir en el espacio. La relación entre luz y sombra genera los contrastes necesarios para definir jerarquías en la arquitectura, texturas en sus superficies, límites en el espacio, y el dramatismo necesario (o ausencia de éste) respectivo de cada escena, logrando así su identidad.

 

El decodificar esta relación espacio/luz/sombra es el desafío que se busca en esta oficina para cada proyecto.